La economía en negativo significa que…

Muchos números dio a conocer ayer el Banco Central de Venezuela, por cierto, con una semana de atraso. Conocimos estadísticas que reflejan el desempeño económico del país en medio de una supuesta transición al socialismo. Muchos signos negativos antes de los números dan a entender que la “cosa no está bien”, sobre todo si vemos para atrás y tomamos en cuenta los resultados de los últimos cinco años, en donde el “boom” marcó pauta, el consumo se disparó, las industrias produjeron a máxima capacidad. Años en los que la gente pudo comprar vehículos, otros vivienda, otros ambos. Pero ayer vimos, en lenguaje del ministro Giordani, que ese submarino aún no sale a flote.

Pero ¿qué significan esos números? ¿Qué podemos deducir de esas gráficas? se preguntan algunos que las vieron hoy en las primeras planas de los periódicos. Significa que la economía venezolana no estaba blindada a la crisis financiera, como nos prometieron en un sinfín de oportunidades. Significa que los llamados a la “austeridad” no fueron suficientes ni aplicados por el mismo Gobierno. Significa que la capacidad de generar bienes y servicios para su consumo tanto interno como externo fue menor que la de 2008. Significa que el esquema rentista, criticado a diario por el Gobierno pero que es, a fin de cuentas, el que reina en el país, le sigue haciendo mucho daño a una economía dependiente del querido petróleo. Significa que hay un sector público que consume más que el privado aunque es el privado el que más aporta, lo que evidencia que el gasto público ya no tiene el mismo impacto que antes en los resultados económicos y que su expansión se agotó como estrategia para impulsar.

Pero también, entre muchas otras explicaciones, dan la razón a industriales que venían advirtiendo desde 2007 las consecuencias de un aparato productivo cercado con leyes y acciones gubernamentales que pretenden impulsar el propio socialismo, entiéndase expropiaciones, estatizaciones y nacionalizaciones. Evidencian los efectos de excesivos controles y de un sistema cambiario de divisas que que no es eficiente. Hace ya casi tres años dijeron que con tantos obstáculos no podrían seguir produciendo a los niveles que demanda la población, y el Gobierno salió al paso con muchas más importaciones. En 2009 hasta esas compras en el exterior disminuyeron. Esos números en negativo ponen ante nosotros un escenario nada alentador para este año. Claro, esto sin mencionar la actual crisis energética que viene a ser la gota en el vaso de trabas que deben enfrentar, empresarios comerciantes y ¡todos! Pero, efectivamente hay muchos empresarios que aún tienen ganancias, otros que buscan hacerlas en medio de esta recesión y otros que ven esta caída como la oportunidad excelente para desarrollarse. Otros, en cambio, no son tan optimistas y creen que este año va a ser más difícil, aunque, los precios del petróleo -combustible principal del motor gubernamental- se hayan recuperado. No creen que los índices de confianza mejoren, en ningún ámbito y, por ende, no ven el prometido “reimpulso productivo”.

Queda la carta de las elecciones parlamentarias que seguramente hará ver más dinero en la calle, pero al ya estar agotada la estrategia no parece ser garantía de una recuperación. Eso sí, de haber una mejora en las estadísticas(como me explicaba ayer un amigo) los resultados no tendrían por qué ser tan malos en comparación con 2009. Pero ¿hasta cuándo es sostenible una economía bajo este esquema tan vulnerable y/o volátil? Sería excelente, por no decir que es urgente, que el Presidente y sus ministros, asesores, gurús y monjes vean esta realidad, pues el deterioro de la situación económica es algo que todo estamos sintiendo, que veremos cómo se acentuará en el corto plazo y que se puede convertir en un talón de Aquiles para este Gobierno.

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